233 HUESOS DE MIEDO 

No existe noción de tiempo, causa o efecto real, pero persiste el agobiante miedo que acecha como cientos de agujas penetrando mi cuerpo una a una, cada segundo y profundamente; la sensación de asfixia no sólo enloquece, sino que me persigue por donde vaya. No puedo salir de casa sin pensar en dónde lo veré, cuándo atacará o cuándo terminará.

Al final de todo sólo quiero llorar, pero un absurdo e imaginario nudo en mi garganta me lo impide. Es como si instalara su espeluznante cuerpo sobre el mío y sin compasión, apretara uno a uno mis músculos y al mismo tiempo sostuviera mis ojos abiertos sin darme siquiera la opción de fabricar lágrimas.

¡No puede ser! No cerré la puerta del patio ¿Cómo es posible que lo haya olvidado? Entré la ropa y no miré hacia atrás. ¡No puede ser! ¿Y si entró mientras estoy en el baño? ¿Qué hago? No puedo permanecer encerrada aquí; Ignacio vuelve en más de 8 horas, el horno está encendido, en tres horas llega Juan del Colegio y no tiene llaves, mi celular ¿dónde está mi celular? Es cierto, ya no lo entro cuando me baño. Debería volver a hacerlo, por lo menos cuando estoy sola. En verdad deseo seguir sola en este momento.

¿Y si grito? Nadie me va a oír, mi vecina está de vacaciones. Tranquila, Natalia, tranquila… respira y piensa con calma. Entre más tiempo demores en salir más le estas dando la oportunidad de entrar. Igual ha pasado muy poco tiempo, no pudo haber sido tan rápido. ¡No te mientas!, sabes qué sí puede, ya lo hizo una vez y desde ese día no han parado las pesadillas. Voy a salir, ¡que no esté por favor! 

En las escaleras no lo veo, eso es bueno; pasillo, cocina y puerta, pocos pasos, poco tiempo… calma, respira. Si llega a estar ¿con qué me defiendo?, ¿y si me paralizo?… no pienses, corre, corre… No, no, mejor no corras; estás mojada y puedes caerte, eso sería peor, podría lanzarse encima y no podrías defenderte. Qué locura, ¿cuándo terminará todo esto?

¿Qué suena? Parecen las fichas del Parchís. ¿Será el viento? ¿O será él? Siento que me desmayo, ¿qué hago? Sólo voy a asomar mi cabeza, si está empiezo a gritar, quizás eso lo espante y salga corriendo.

Uno, dos, tres…

¡No, no, no!… no puedo moverme, sus ojos negros se han clavado cual estacas en mi cuerpo. ¡Ahí está!, tan sereno, pero tan lúgubre al mismo tiempo, aparenta estar somnoliento, pero no, está dispuesto a atacarme. Debo poder controlar mi respiración o me voy a desmayar, no quiero que me toque, no quiero siquiera que me roce. No puedo dejar de mirarlo, pero estoy paralizada, llena de miedo, no sé si lo que siento es el agua que aún recorre mi cuerpo o la excesiva sudoración que me produce verlo tan cerca.

¡Por favor, no te levantes! Tu piel erizada, tus sonidos amenazantes y tus movimientos sólo me indican que quieres atacar, pero no te he hecho nada, no he hecho nada más que temerte por años, huir de cada esquina donde te veo, cambiarme de acera cuantas veces sean necesarias para no toparte de frente; dicen que me tienes miedo, que soy valiente, pero no puedo. Va más allá de mi propio control. Te has apoderado de parte de mi vida absorbiéndola como si fuera simple aire, en verdad te odio por hacerlo, odio el día en que esto comenzó, y lo odiaría más fuerte si siquiera lograra recordarlo, si pudiera darle sentido a esto que me haces creer. Me odio a mí misma por temerte sin saber por qué, ¡pero por favor, no te acerques que siento que muero!

¡No puedo gritar! ¡No puedo moverme!, me falta la respiración y tú ahí, inmóvil, increíblemente imponente. Con cada paso que das mi garganta se cierra y me falta el aire, me duele la cabeza, no des un solo paso más… por favor. No me toques, no me roces, no te muevas en medio de mis piernas.

Y es así como una vez más despierto llorando, transpirada, agitada y con una imagen aterradora en mi cabeza. Una pesadilla me sorprende de nuevo, aunque pensándolo bien hace años vivo dentro de una de ellas.

Bienvenidos a mi mundo: “Ailurofobia” -fobia a los gatos-… 233 huesos capaces de penetrar mi más profundo temor.

9 comentarios en “233 HUESOS DE MIEDO 

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