Tiempo

Giro mi cabeza a lado y lado mientras espero que llegue el próximo tren y no veo nada. Por lo menos nada que me motive a cambiar de decisión.

Van y vienen sin siquiera verse, no observan, no escuchan, sólo oyen.

Miles de rostros cada uno con una historia tatuada en su piel, en sus actos, en sus movimientos.

Por ejemplo, aquella mujer que está al otro lado de las vías, debe tener problemas con su esposo… El sol ya se ha ocultado y hace lo mismo con sus ojos que esconde tras sus gafas oscuras, pero al mismo tiempo pasa de mano en mano su alianza de matrimonio, por algunos segundos la coloca de nuevo, por otros la retira y solo en en el momento que la guardó en su bolsillo lagrimas brotaron de sus ojos, han pasado dos trenes diferentes y ambos los ha dejado pasar mientras observa el reloj, al final la alianza ha vuelto a su dedo.

Y aquí estoy yo, observandola, inventando su vida cuál película, ni deseando ayudarla, ni esperando verla sonreir. Dejando pasar no sólo los trenes, sino también mi vida reflejada en aquellos ojos escondidos.
Los mismos que anoche estaban llenos de miedo cuando mi madre llorando me dijo que quedaba poco tiempo. Tiempo, el mismo que estoy perdiendo ahora sin hacer nada, pero ella me dijo que esa misma nada era lo que quedaba por hacer. ¿Qué me queda?
Fue cuando observé la ropa de aquella mujer, vestía toda de negro y a su lado llevaba una caja en una bolsa, y allí pequeño pero visible estaba el mismo símbolo que mi madre me había mostrado ayer.
El símbolo de la funeraria central… Y entendí que no tenía problemas con su esposo, lo lloraba, lo extrañaba y no deseaba llegar a casa en su primer día en esas paredes ahora frías y sin él…
Ese símbolo removió mi alma, si es que he de tenerla, y me impulsó a tomar por fin una decisión. No me tiraría al tren, no podía, no era ni la forma ni el momento, no podía ver a mi madre postrada en su cama llorando abrazada a mis cenizas, lo único que podría quedarle si tomará aquel fatal desición.
Corrí…. Corrí muy rápido, la abracé, le pedí perdón y ella por fin sonrió, el tiempo tomó otro sentido.

9 comentarios en “Tiempo

    • Dulce Amargo dijo:

      Joaquín tus comentarios siempre son causa de una gran sonrisa en mi. Gracias por cada palabra que dedicas a mis escritos. Y si, muchas veces sólo una sonrisa y un abrazo pueden lograr que el tiempo tome otro sentido. Un fuerte abrazo para ti.

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  1. Esperanza E. Vargas (sadeyes) dijo:

    Tremendamente bueno.
    Expresiones y sucesos comunes que a todos nos pudiera pasar.
    Cuando el dolor y la desesperación se apoderan de nuestro juicio.
    Al final un buen razonamiento.
    Hace volver a la vida al corazón.

    Un gusto saludarte Lucía.
    Me gusta mucho lo que escribes.
    Besitos para ti

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    • Dulce Amargo dijo:

      Muchas Gracias Esperanza. Es verdad, el dolor puede llegar a nublar nuestro juicio, pero que bueno sería siempre poder encontrar ese motivo para ver la luz de una forma distinta. Te envío un fuerte abrazo.

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