La ofrenda

Sé que no importa cuánto luche o cuánto me arrepienta de haber salido de casa, porque al final nada cambiará. El verde imponente de la montaña se ha tornado en cuestión de segundos en mi peor enemigo, el agua turbia y espesa del lago se ha llevado consigo la única razón que tenía para vivir. Mientras estoy sin fuerza tumbada sobre la frondosa vegetación y sobre pequeñas piedras que están instaladas lastimando profunda y dolorosamente mi espalda, lo único que puedo hacer es preguntarme una y otra vez ¿cómo permití que me penetrara?, no logro entender como lo dejé penetrar no solo con su cuerpo sino con sus falsas y sucias palabras mi existencia. 

Aquella fragancia que impregnaba su piel hace meses parecía el antídoto a todos mis males, pero ahora esa ese mismo aroma se ha relevado como lo que es, una mezcla de olores entre tierra mojada, musgo podrido y peces muertos que no me provocan menos que ganas de vomitar. 

Le creí y me dejé llevar, me alejó de todo cuanto amaba antes de conocerlo, de mi familia, de mi trabajo, de mis amigos, ¿todo por qué?; por unas cuantas horas en este remoto lugar. Me convenció de que nuestro hijo debía nacer en medio de la selva donde nació su hermano, un lugar alejado del ruido de la ciudad, de la contaminación y de las manos indecentes de los hombres malvados. 

Estaba locamente atraída por él, por sus encantos, por sus caricias, por esos besos que entre dormida le daba a mi vientre. Nunca pensé que estaba siendo utilizada, que mi cuerpo solo era el envase perfecto para su ofrenda en medio de este inhóspito paisaje. 

Al decirle que estaba embarazada lo vi en sus ojos, encontré la respuesta a la soledad de mis horas sin él, me dio a entender lo mucho que deseaba desde lo más profundo tener un hijo de mi vientre, no de cualquier vientre ¡del mío!, y eso me hizo la mujer más feliz, la más deseada, complacida, casi venerada. 

Al principio cuando me dijo que quería que el parto fuera lejos de casa no lo comprendí, pero luego entendí su punto de vista, tenía miedo de que alguien interviniera y le hiciera daño a nuestro hijo, quería que fuéramos solo él y yo recibiendo en medio de la naturaleza al fruto de nuestro amor, amor que no llevaba sino 10 meses, pero que había sido tan intenso que el nuevo nacimiento era la gloria, pero sobre todo me di cuenta que el solo pensar que su hijo iba a nacer en el mismo lugar que lo hizo su hermano mayor, lo emocionaba de una forma extraordinaria y quise complacerlo. 

Llegado el día y en el lugar exacto, colocó una manta blanca frente al lago, y allí llevó lo necesario para cortar el cordón umbilical y para atendernos en todo momento. Al arrodillarme las contracciones llegaron muy rápido y en una frecuencia que no esperaba, el dolor estaba comenzando a nublar mi vista, pero aun así percibí como del lago emergió una espesa neblina blanca, no sabía si el dolor me estaba haciendo delirar, pero puedo jurar que vi una calavera y en ella se reflejaba el rostro de él. 

Comencé a gritar de dolor, de miedo, sé que reconoció el pánico en mis ojos, me dio la vuelta y me tumbó en el piso, ya no importaba la manta, ya no me protegía, solo le importaba el bebé, mi bebé. 

El cielo se oscureció, la neblina me adormeció, pero lo sentí, sentí cuando salió de mi cuerpo y sin emitir palabra se lo llevó. El llanto de mi hijo se mezcló con el sonido continúo de cientos de pájaros que sobrevolaban la montaña, no sé dónde salieron, pero el ruido que hacían con su pico aturdió mis oídos. 

Cuando sumergió el cuerpo de mi bebé en el centro del espeso lago, dejó que el agua se adueñara de su vida, en ese mismo instante la neblina se dispersó, el agua se aclaró, el cielo se despejó, los pájaros desaparecieron y aquellos ojos negros que me habían hipnotizado ahora se tornaban más jóvenes, más vivos. Mi hijo era la ofrenda, mi cuerpo solo el envase que utilizó para su fin, el mismo envase que ahora abandona siendo mucho más fuerte, mientras la neblina toma posesión de la poca vida que me queda.
(Este relato surgió  de la participación en un taller del grupo de Facebook “El ojo crítico”).
Agradezco a todos por el tiempo dedicado en su lectura. 😘😘

3 comentarios en “La ofrenda

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