Más que un engaño

Al abrir la puerta de casa y encender la luz, la cara de asombro de Agustina no puede ser mayor. Esta mañana cuando salió para la oficina, recuerda que mientras le daba un beso y un abrazo de despedida a su esposo podía ver perfectamente cada uno de los muebles que compraron en los últimos meses entre los dos. Casi 10 horas después, al abrir la misma puerta que cerró esta mañana, lo único que ven sus ojos es: la nada misma.

No hay muebles, no hay cuadros, no hay una sola silla. Se agarra fuerte del marco de la puerta y lo único que recuerda es el sobre blanco sobre su mesa de trabajo. El remitente: su esposo, el cuerpo de la carta no sumaba más de dos líneas :

«Amor, nuestro primer año juntos, nuestro mayor logro. Y en esté día, una sorpresa que no olvidarás jamás».

Agustina no comprende que sucede, ¿dónde están sus cosas? ¿Dónde está su esposo y donde está la sorpresa? Porque esto, para ella no es una sorpresa, es la peor broma que le han podido hacer en su vida.  Toma su teléfono celular y al marcar el número de Javier — su esposo— suena el contestador.

Su pecho se oprime y la respiración le falla, intenta pensar con claridad, pero es imposible cuando decenas de imágenes revolotean sus pensamientos, sin darle el tiempo suficiente de reaccionar.

Solo dos habitaciones y un baño componen el pequeño departamento, al entrar y revisar, solo encuentra en el piso del baño una llave colgada de un llavero con el número 302.

Agustina reconoce esa llave, es la misma que su vecina ha dejado a guardar por algunas semanas en casa de ellos, solo por si alguna vez perdía la suya. Lo que no entiende, es porque faltan todas las cosas y lo único que hay es justamente algo que no le pertenece. Intenta nuevamente llamar a Javier, su teléfono parece apagado o fuera de red.

Con la llave en su mano, con su cabeza a punto de estallar y sin más opciones, decide salir corriendo hasta la puerta del 302, con el fin de obtener algo más que silencio.

Antes de utilizar la llave, golpea una y otra vez, nadie atiende, así que decide abrir. El reflejo de la luz encendida de la habitación le permite observar la sala de estar, aparentemente todo está bien. A pocos segundos de entrar en el cuarto de Alexandra —su vecina y amiga—, suena el teléfono fijo. Agustina no toma en cuenta el llamado y decide entrar a la habitación.

Lo que sintió cuando llegó y vio que todo en su departamento había desaparecido, no es ni la milésima parte de lo que está sintiendo justo en este momento.

El cuerpo de su amiga se encuentra desnudo, acomodado perfectamente en la cama y con un rastro de sangre tan grande que cubre más de la mitad del colchón. Lo único que viste el cuerpo de Alexandra en su cuerpo, es una corbata. La misma que Agustina le dejó de regalo a Javier esta mañana, por su primer aniversario de matrimonio.

Siente ganas de vomitar, pero un objeto más llama su atención y su malestar se disipa por completo. Al lado derecho del cuerpo de su «amiga», se encuentra una fotografía que al tomarla no solo mancha por completo su mano de sangre, sino que hace que su orgullo se desmorone. En la foto se encuentra Javier junto a Alexandra, rodeados tan solo de una sábana, mientras recostados en el sofá —que Agustina compró —se besan apasionadamente.

—Alto ahí. Es la policía.

Con la fotografía arrugada en su mano, Agustina se desmaya, perdiendo el conocimiento… y la razón.

6 comentarios en “Más que un engaño

    • Andrea Urueña dijo:

      Muchas gracias Sandra… quizás más adelante continúe el relato… hasta yo misma quiero saber ¿donde está Javier?. Un fuerte abrazo y gracias por tus comentarios😘.

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