A volar

Mientras Juan se encuentra aún con el cinturón de seguridad ajustado, a pesar de que hace media hora la señal se ha apagado, Manuel un niño de 6 años que va sentado a su lado derecho está muy entretenido dibujando con el pincel un hermoso paisaje.
—¿Cómo te llamas?
—Manuel
—¿En serio? —el niño asiente con la cabeza sin retirar la vista del dibujo que está realizando—. Y tus padres ¿donde están?
—Murieron, cuando se estrelló el avión en el que viajaban —en ese momento los ojos azules del niño se clavan cuál estaca en la mirada atónita de Juan, mismo instante en el que siente como su boca se seca por completo.
Casi de forma automática y sin desajustar su cinturón, levanta el brazo derecho y enciende la luz de llamado a la azafata.
—Señor, lo veo un poco pálido. ¿Se siente bien? —le pregunta la auxiliar denotando preocupación.
—Solo tengo la boca seca, hielo y gotas de limón es lo único que necesito. Me podría traer un vaso con hielo por favor.
Al dar vuelta la azafata, Juan saca del bolsillo de su camisa un pequeño frasco con jugo de limón, el cual pasa nerviosamente de mano en mano.
Mientras tanto, el niño dobla la hoja en la que estaba dibujando, la guarda en el compartimiento de revistas que está frente a él y le pide a Juan permiso para pasar diciendo que va al baño.
Dos minutos después llega la azafata con el hielo y casi sin esperar que esta lo ubique sobre la mesa, Juan se lo retira rápidamente de la mano y vuelca todo el contendió del frasco dentro del vaso.
—Disculpe, el niño que va a mi lado ¿no viaja con sus padres? —le pregunta muy ansioso a la auxiliar de vuelo.
—Señor, ¿se encuentra bien?
—¡Estoy perfectamente!, tan solo responda mi pregunta.
—Pero señor, no hay ningún pasajero asignado en ese asiento y tampoco hay niños a bordo.
Dejando caer el vaso al piso Juan dirige su mirada hacia el baño, la luz que indica que está libre está encendida.
Ubicando su mano derecha sobre el cinturón de seguridad, como si esta acción le asegurara que este no se abriría, abre el compartimiento de revistas del asiento de su derecha y allí está una hoja de papel blanco doblada en dos.
Juan observa a su alrededor y nota que los demás pasajeros están durmiendo, leyendo o viendo una película. Nadie lo observa, la azafata se ha ido a traer la escoba seguramente para limpiar, pero un escalofrío recorre su cuerpo cuando abre la hoja. Esta le muestra la imagen de la casa donde vivía cuando era niño y a su lado derecho el dibujo de un árbol de limón partido en dos. En la parte baja de la hoja una breve nota:

<<Juan Manuel, olvida el pasado. Tu muerte no ocurrirá mientras estés dentro de un avión.>>

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