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¿POR QUÉ ESCRIBO?

Hace un poco más de un año, en uno de esos momentos en los que encontramos en las cosas más simples inspiración, recordé que desde que era muy joven (no con esto quiere decir que sea o me sienta vieja) siempre quise comenzar a escribir… comencé escribiendo las cartas de amor de mis compañeras de colegio, era ya algo normal que sus novios leyeran mis letras pensando que la inspiración venia del corazón de sus amadas, pero eso me hacia feliz. Después me di cuenta que escribir se estaba volviendo un medio de escape y calma frente a la situación o situaciones que vivía en mi entorno… un padre presente pero ausente, una madre luchadora incansable que nunca bajo los brazos ante las adversidades, un hermano menor tierno e inteligente y una hermana mayor que sufría un síndrome genético que solo muchos años después cuando me involucre con la enfermería terminaría de comprender, entre esto y mucho más, alcanzo a recordar que tenia una agenda de color negro y allí cada noche escribía un poco de lo que sentía, pensaba, deseaba o simplemente imaginaba.

A veces las letras eran muy tristes, pero la mayoría de veces recuerdo, eran de superación, de aliento… definitivamente hay momentos en los que necesitamos encontrar en algún lugar de nuestro interior esa fuerza que nos lleve a superar todo, y parte de mi fuerza estaba guiada por la escritura. Poemas, canciones, frases, lo que fuese que escribiera en esa edad era mi refugio, mi espacio y mi momento, no le correspondía a nadie más interferir, interrogar o cuestionar, eramos mi libreta y yo.

Recuerdo que lo último que escribí en esa libreta fue  sobre la muerte de un amigo, una partida muy dolorosa , no solo por la ausencia que en sí un fallecimiento implica, sino porque en el fondo me sentía culpable (sin serlo)… una psicóloga me dijo: “Escribe… escribe tu historia con él y al final podrás dar cierre a eso que tanto dolor te está causando”. Y así fue, escribí, desde el mismo momento en el que lo vi por primera vez, hasta la ultima vez que oí su voz por teléfono… recuerdo que no pude escribir el momento donde me enteré de su muerte, pero al final me sentí aliviada, entendí que nunca tuve la culpa, comprendí que el haberme alejado tampoco me hacia culpable, literalmente descanse en las letras.

Lo que por mucho tiempo había sido mi refugio, en ese momento de mi vida se había convertido en mi sanación emocional, y qué bien que se sintió.

Después de ese momento no recuerdo cuando volví a escribir con tanta inspiración… o bueno si lo recuerdo… fue exactamente hace 8 años cuando conocí al que hoy es mi amor y padre de mi hijo de 3 años.

Entre la muerte de mi amigo y conocer al que hoy es mi esposo, pasaron muchas cosas que marcaron mi vida, pero sobre esas cosas estoy segura que nunca escribí… y ahora 8 años después vuelvo a permitirme la oportunidad de plasmar con letras lo que mi corazón me dicta, mi razón cuestiona y mi pasión alimenta.

Escribo porque me encanta hacerlo, porque me recuerda mi esencia, porque es mi escape y porque por primera vez no quiero que sea solo mi espacio, sino el espacio de muchos y el refugio de otros tantos que como yo logremos identificarnos con historias dulces pero también con historias un tanto amargas que entre la ficción y la realidad a veces no dejan mucho espacio para la duda, y es justo allí donde nació Dulce Amargo, un lugar para las historias dulces con finales amargos e historias amargas con finales dulces.

Si llegaste al final de esta publicación, quizás un poco de todo lo que dije te haya gustado, o quizás no… pero si me lo permites te invito a que recorramos este nuevo camino lleno de historias reales o quizás no… pero te aseguro que son historias que merecen ser contadas.

¡Bienvenidos a mi pedacito de mundo!

 

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