Lucía 

Esa noche y sin planearlo con mucha anticipación, Lucía le escribe a su madre una nota:

“Cuida a mi hija, que hoy se convierten en tuya. Me uní a la guerrilla. No me busques. Te amo mamá”

Acurrucada en medio del monte y vestida de guerrillera, está a la espera de que todos se duerman, el estar alejados del centro del pueblo es el primer punto a favor. La luz está apagada, el comandante como cada sábado ha caído borracho en la cama sin siquiera retirarse las botas, nadie lo acompaña, nadie lo vigila, segundo punto a favor. 

Con cautela abre la puerta de la choza, inmediatamente está adentro comienza a derramar gasolina sobre cada punto que el reflejo de la luna alumbra en su paso, por último, lo mira con asco, llena de dolor, y acercándose a su oído le murmura:  

—¡Hoy mueres maldito bastardo y yo al fin viviré!

Enciende la vela, y antes de llegar a la puerta el brazo de su tío la agarra con fuerza, la lleva contra él, la tira en la cama y se lanza encima de ella; en ese mismo momento la vela cae al suelo y en cuestión de segundos sus cuerpos se vieron envueltos en llamas, el licor lo encegueció y al caer sobre Lucía, ella no tuvo escapatoria. 

En los pocos segundos de vida que le quedaron revivió en su cabeza lo que sucedió en la mañana: 

—Vaya mi dulce niña, vaya tranquila y juegue, que ahora estas muy chiquita para mí, a los 12 años seguro estarás dulce y tierna como lo estuvo tu madre, lástima que se embarazó tan pronto de ti.

Mientras él le hablaba a la niña, Lucía alcanzó a oírlo desde la cocina,  apretó sus puños y mordió su lengua, tan fuerte lo hizo que le llegó a sangrar, pero con la misma rabia que se mordió tragó su propia sangre y llamó apresuradamente a Sol, su hija de tan solo 2 años para que entrara a la casa. 

Lucía era inocente, pero muchos pensaron que era una zorra, una maldita zorra de 15 años, que meses atrás se metió en la cama de un guerrillero para que la embarazara, el mismo que el comandante en la plaza central y a la vista de todo el pueblo mató de un balazo en la cabeza, mientras le colgaba un letrero en su espalda que decía: “Soy Violador”. Un embarazo, una bala, un muerto, dos mentiras… ya no existe cumpleaños feliz.

Lo que nadie supo es que la misma persona que disparó el arma frente a todos, fue quién en verdad violó y amenazó a su propia sobrina el día que cumplió 12 años, esa noche donde todos celebraban su vuelta al sol, Francisco o “Comandante Pacho” como se hacía llamar, borracho y oliendo a monte aprovechó el descuido de todos y la convirtió en mujer a la fuerza, sin permiso, sin condescendencia. 《Ese es tu regalo de cumpleaños sobrina》, fue lo único que dijo, y cada año el mismo día y otros tantos más, le entregó el mismo regalo, pero ella nunca lo celebró. 

Nunca supieron de quien era el otro cuerpo que calcinado yacía al lado del comandante… su madre nunca supo que no alcanzó a llegar al monte… quizás hay verdades que deben permanecer ocultas y mentiras que nunca verán la luz, como la que ahora descansa en la tumba de quién no solo era tío sino también padre de Lucía.  

Esa noche salvar a su hija del depredador, se convirtió en su propia tumba, no quería morir, pero al final se liberó.

10 comentarios en “Lucía 

    • Dulce Amargo dijo:

      Muchas Gracias María del Mar. Es una historia muy triste, pero me cuesta creer que en el mundo tan absurdo que vivimos no existan historias como estas. Un fuerte abrazo. 😘

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